lunes, 2 de junio de 2014

Pablo Iglesias


Es el hombre del que es obligatorio hablar. ¿Quién es? este hasta ayer desconocido.

Sabemos que tiene dos carreras derecho y políticas premio extraordinario, en 2004 en la segunda carrera. Ha hecho dos masters, uno en Humanidades (2010) por la Universidad Carlos III y otro;  Master of Arts in Communication (2011) por el European Graduate School (Suiza).

Buen currículo para un burócrata. Lo que no se conoce de él, o no se conoce tanto es que también es vocal del Consejo Ejecutivo de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (Fundación CEPS), Fundación dedicada «a la producción de pensamiento crítico y al trabajo cultural e intelectual para fomentar consensos de izquierdas»

Es Doctor desde el 2008, con una tesis titulada -Multitud y acción colectiva postnacional: un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005)-.

Así en frío, recuerda mucho más a un Castelar, que a la tendencia socializante de Pi y Margall.

Es decir que me parece mucho más posibilista que una opción de izquierda dura y pura.

Aunque, todo hay que decirlo, forma o ha formado pareja con una diputada por IU en la Asamblea de Madrid.

Todo indica que hay formación cultura y creencia política.  Otra cosa muy distinta es si además de eso puede ser un estadista.

Los estadistas, los hombres de estado, han de ser personas con sensibilidad. Personas que entiendan que un hogar nunca puede equipararse en una ecuación económica a una deuda bancaria, que si la deuda de los bancos se sufraga entre todos debería haber habido una provisión para que los deudores no perdieran sus hogares.

Debería tener un plan, donde el dinero que fluye de Europa, se emplease en crear trabajo y nivel de vida sostenible para todos los ciudadanos.

Y aquí es donde no lo veo claro porque su programa y el de su partido tiene aun un regusto de izquierda rancia.

La humanidad, ya no solo España, está en una encrucijada compleja. O regresa un feudalismo monetario como propugna el FMI y los económetras locos. O por el contrario comienza a crecer con una sostenibilidad social y participativa. O colmena como colectivo de intereses o jauría de lobos con sus castas e individuos dominantes.

El problema reside en que en nuestros genes, en nuestra naturaleza, puede no existir el espíritu de la abeja y si el del avispero.

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